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El Evangelio que Predicamos


A07 08.49.22r

El evangelio del reino de Dios

 

«Y será predicado este evangelio del reino» (Mt 24.14).

«La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado» (Lc 16.16).

 

En estos dos pasajes y en muchos otros más, la afirmación concreta es que debe ser predicado este evangelio del reino y no otro. Lo que significa que debemos prestar atención a no bajar los niveles a la hora de presentarlo. Hasta Juan el Bautista se predicaba la Ley y los Profetas, ahora se anuncia el reino de Dios. No se anuncia otra cosa. No se anuncia lo que sea agradable a los oídos de los hombres. No anunciamos lo que los hombres deseen escuchar; si hiciéramos esto seríamos falsos profetas. Somos mensajeros de Dios, Él es la máxima autoridad, quien pone las reglas. Nosotros somos apenas simples mensajeros, portadores del mensaje.

No debemos buscar la predicación bonita como para que nadie se ofenda. No somos bufones que entretienen a las personas, somos mensajeros del Altísimo. Es una gran responsabilidad, por lo tanto, no debemos ni podemos aguar el mensaje que se nos encomendó. No tenemos el derecho de diluir las demandas del reino de Dios, solo para atraer a más personas y que no se nos ofendan. Si así hiciéramos es porque no hemos entendido nada del reino de Dios. Ni hemos entendido nada acerca de la Gran Comisión. En la encomendación de Mateo 28.18-20, el Señor proclama:

«Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles a que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.»

 

 

Toda Potestad

Jesús está anunciando que Él asciende a los cielos, junto al Padre, y le ha sido dado todo poder. Él ahora es el supremo soberano. Es la máxima autoridad en los cielos y en la tierra. No hay otro sobre Él. Ordena y se ejecuta. Dice y se cumple. No hay quien se le oponga. Jesús ha recibido toda autoridad, todo señorío, todo dominio. Y nos dice: «por tanto», lo que significa que vamos encomendados por su autoridad y poder. Es decir, «por esta razón, vayan, los estoy enviando por esta causa». Porque me ha sido dada toda potestad.

Entonces, ¿quiénes somos nosotros para disminuir el mensaje que nos fue encomendado? Ningún ángel del cielo osaría jamás cambiar en lo más mínimo el mensaje que le fue entregado. Responsablemente lo llevaría tal cual le fue entregado y haría que llegue a su destino para que cumpla su objetivo. Debemos prestar mucha atención a lo que estamos predicando, pensando que es el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Con humildad y sinceridad deberíamos revisar minuciosamente la forma que Jesús, y luego los apóstoles predicaban. En oración y una actitud apropiada. Cuál era el verdadero mensaje que llevaban y cómo era presentado. Y de esta manera adoptemos el verdadero mensaje en su total pureza, sin descafeinarlo.

Para llevarlo «a todas las naciones». Sabiendo que de esta manera Jesús cumple su promesa y está con nosotros  «todos los días, hasta el fin del mundo».

No predicamos una ideología política ni social ni un cambio de religión. «No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor» (2 Co 4.5).

 

¡Predicamos a Jesucristo como Señor!

 

firmvi

 

 

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